Diagnóstico y periodoncia

0
10
Dental prosthesis for upper denture in mouth.

POR EL C.D. C.M.F. JOEL OMAR REYES VELÁZQUEZ

Para llegar a establecer un plan de tratamiento adecuado en cada paciente y conocer el pronóstico de la enfermedad periodontal, debemos obtener toda la información correcta y adecuada, acerca del paciente, su entorno bucodental y deben comprenderse los procesos patológicos, su desarrollo, manifestaciones y etiología. El diagnóstico se ha definido como el arte de reconocer las desviaciones de la normalidad, pero más que arte es un conocimiento juicioso que se adquiere a través del estudio y la práctica constante. Cuando se han adquirido estos elementos de juicio, es posible reconocer la presencia de una anormalidad y diferenciarla de otras similares. Para poder emitir ese juicio es necesario recolectar toda la información posible de cada caso, tanto actual como pasada; conocer la naturaleza, tipo y evolución de los padecimientos que podemos encontrar así como las características normales de los tejidos cuando presentan un estado de salud. Desafortunadamente, la enfermedad periodontal se acompaña de muy pocas molestias físicas, las cuales pasan desapercibidas por los pacientes. Aún en los estadíos avanzados el paciente permanece sin darse cuenta de la gravedad de su problema. Por esta razón es responsabilidad del cirujano dentista descubrir los procesos patológicos para poder instituir el tratamiento apropiado, a tiempo, que asegure la conservación de las piezas dentarias.

El término enfermedad periodontal representa a un grupo de enfermedades diversas. Las de tipo inflamatorio de los tejidos periodontales son las más comunes y se caracterizan por el aumento de tamaño de la encía, cambio en su coloración y edema, desencadenadas generalmente por un irritante local como la placa dentobacteriana, el sarro, los márgenes incorrectos en las restauraciones, el impacto de los alimentos en los espacios interdentales, etcétera. Este proceso inflamatorio, al establecerse en los tejidos periodontales, manteniéndose por un largo tiempo, produce una destrucción de las estructuras de soporte que puede llegar a presentar pérdidas considerables del hueso alveolar y poner en peligro la estabilidad y permanencia del diente en la boca.

El diagnóstico debe efectuarse recordando siempre que la boca, el periodonto y cada diente del individuo forman parte integral de él, en íntima relación con el resto del organismo y que son muchas las alteraciones que podemos encontrar como repercusión de los estados generales del paciente y viceversa.

El diagnóstico debe principiar desde el momento de ver por primera vez al enfermo, considerando de antemano su apariencia física, lo que nos dará una idea general del tipo de individuo que es y sus actitudes, principalmente su estado mental y emocional, su temperamento y actitud hacia el tratamiento dental y periodontal. No hay nada más erróneo que llevar a cabo un tratamiento si el paciente no está convencido de la conveniencia de él y brinda su apoyo decidido para llevar a cabo la fisioterapia oral o sea la parte del tratamiento que a él le corresponde.

Un estudio cuidadoso del paciente mientras toma asiento en el sillón dental nos puede dar una idea general de su peso, la pigmentación de su piel (anemia, ictericia, cianosis, etcétera), respiración, agilidad, postura, hábitos higiénicos, tics, etcétera.

Una vez que el paciente ha tomado asiento, se debe proceder a lo que algunos llaman “la entrevista” o sea la conversación con el paciente acerca del padecimiento que lo trae a nosotros. No se debe, por ningún concepto, principiar con el examen clínico, éste se hará después. Probablemente si le preguntamos al paciente cuáles son sus síntomas o molestias, él responda que ninguno, puesto que la sintomatología pasa desapercibida y el enfermo la juzga como algo normal. Durante este proceso, el paciente es instruido acerca de las manifestaciones clínicas que existen entre un caso verdaderamente normal y de la sintomatología que acompaña generalmente a los procesos patológicos periodontales.

Debe procederse a registrar los síntomas que el paciente refiere, que pueden orientarnos acerca de la severidad de las manifestaciones del problema. Entre estas podemos anotar: mal sabor de boca, principalmente por la mañana; escozor en las encías; dolor de diversos tipos y duración, ya sea localizado o irradiado; sensibilidad al frío o al calor; sensación de ardor en las encías y supuración más o menos abundante.

La historia médica es de gran importancia ya que es imposible encontrar un organismo cuyos procesos patológicos no se encuentren relacionados con los tejidos bucales. Además, como el paciente visita más al dentista que al médico, es aquel el que puede descubrir procesos que referidos al médico a tiempo, pueden evitar complicaciones al paciente. La historia médica debe registrarse en forma cuidadosa y dirigida a obtener toda la información necesaria que nos guíe al diagnóstico y tratamiento del padecimiento periodontal.

Es de vital importancia que el dentista conozca si el paciente se encuentra bajo algún tipo de tratamiento médico, el tipo de enfermedad que padece y cuál es la terapéutica que ha sido prescrita; además, si el enfermo es hipertenso, diabético, presenta fiebre reumática, nefritis, o si existe tendencia a un sangrado excesivo. Debe ponerse especial atención a las alergias o intolerancia a los medicamentos tales como: antibióticos, aspirina, codeína, barbitúricos, etcétera.

Examen clínico

Debe realizarse de fuera a dentro. Los labios, observando su coloración, consistencia y tamaño. La mucosa bucal, para descubrir posibles lesiones, cambios de coloración, induraciones o erosiones. El paladar, duro y blando, para observar su textura, forma, exostosis o torus. El piso bucal y la lengua, tanto en su cara dorsal como ventral, bordes, punta y papilas.

Después se procederá al examen de los dientes (integridad, forma, tamaño ausencias, caries, estado de las restauraciones) y la encía.

Examen periodontal

Lo más aparente que encontramos es la encía. Cuando es normal o sana, debe estar firme, de color rosa pálido coral, con superficie punteda, similar a la cáscara de naranja. El tono debe ser firme y la encía adherida al hueso subyacente. El margen gingival debe terminar en “filo de cuchillo” o “pico de flauta”. Puede estar colocado en el cuello anatómico de la pieza o mostrar resección a agrandamiento. La papila interdental, que debe llenar el espacio, puede encontrarse: normal, agrandada, disminuida o ausente.

La inflamación gingival hace que la superficie pierda su punteado normal, se encuentre lisa y brillante y de una coloración rojiza. El tono es edematoso y el volumen aumenta en tamaño y grosor.

El sangrado gingival se ha utilizado para indicar la presencia de una lesión inflamatoria, desarrollándose índices que utilizan el sangrado y el color gingival como los indicadores más sensibles de la patología periodontal.

La presencia o ausencia de sangrado gingival se correlaciona con cambios histológicos distintivos en los tejidos. El sangrado muestra un importante potencial para el diagnóstico de las lesiones inflamatorias de la encía aún en áreas de difícil observación visual directa.

La fibrosis o hiperplasia hace que la encía presente una coloración más normal, pudiendo inclusive reaparecer el punteado. El tono se vuelve firme y a menudo la encía está despegada de los dientes, separada de ellos por el sarro subgingival. Deberá observarse la cantidad de encía adherida que existe en todas las porciones de la boca así como la localización y tipo de inserción de los frenillos.

Después se procede al examen de las bolsas periodontales, utilizando para ello una sonda milimetrada, que se introduce en el crévice o bolsa, cuidando siempre de mantenerla paralela al diente para evitar mediciones incorrectas. Deben efectuarse tres mediciones por lingual y tres por vestibular de cada diente, lo que nos dará una idea muy aproximada de la forma de la bolsa. El resultado de estas mediciones se registra en una gráfica, conocida como periodontograma. Este, al mismo tiempo que indica la profundidad de las bolsas, expresa la colocación de las mismas sobre el diente, ya que también marcamos el nivel del margen gingival. Clínicamente se le llama bolsa a toda profundidad de más de 2 mm.

Al examinar la profundidad de las bolsas, notaremos también el grado de afección de las furcaciones, si es que existen.

Uno de los signos más dramáticos y fáciles de observar es la movilidad dentaria. Para esto se toma cada diente en cuestión entre los extremos de dos instrumentos rígidos y se mueve de bucal a lingual. Si en lugar de los instrumentos sola-mente utilizamos los dedos, el movimiento de los pulpejos pueden darnos la impresión de una movilidad inexistente. La movilidad se clasifica de la siguiente manera: a) movilidad 1, apenas perceptible; b) movilidad 2, la corona se mueve un milímetro en cualquier dirección; c) movilidad 3, permite que el diente se desplace más de un milímetro en cualquier dirección o puede ser girado o intruído dentro de su alvéolo.

El grado de movilidad dentaria está en relación con:

a) La cantidad de hueso de soporte,

b) El estado del ligamento periodontal,

c) El número de fibras periodontales, y

d) esfuerzo al que se encuentre sometido el diente.

Uno de los factores etiológicos más frecuentes y olvidados es el trauma oclusal, el cual puede descubrirse tanto clínica como radiográficamente. La presencia de facetas de desgaste en las piezas dentarias, las migraciones, diastemas y movilidad, pueden hacernos sospechar la presencia de un desequilibrio oclusal. Para descubrirlo podemos utilizar hojas de cera, papel de articular y la yema de los dedos, colocada entre las caras vestibulares de dos piezas contiguas. Al hacer el paciente movimientos de cierre o laterales, podemos sentir la pieza que cede a la fuerza excesiva aplicada sobre ella. Si la boca está equilibrada, al cerrarse con fuerza producirá un ruido grave y seco.

Referencia bibliográfica

 

 

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here