Fibromialgia, reto diagnóstico y terapéutico

0
21

Existen evidencias de un efecto poligénico, con polimorfismo de genes que afectan a los sistemas serotoninérgico, catecolaminérgico y dopaminérgico en estos pacientes.

El síndrome de fibromialgia (SFM) se caracteriza por dolor crónico, generalizado, centralizado y multifocal al que se suman otros síntomas tales como fatiga, sueño no reparador, alteraciones cognitivas y del estado de ánimo. La prevalencia es similar en diferentes países, culturas y grupos étnicos, sin evidencia de ser mayor en países y culturas industrializadas. Aunque el SFM es más frecuente en mujeres de 30 a 50 años, también puede afectar a niños, adolescentes y ancianos.

Su etiología es desconocida, pero existe evidencia de cambios neurofisiológicos. Mediante técnicas de imagen de alta resolución se ha demostrado el papel amplificador del dolor en el sistema nervioso central.

También se han demostrado anormalidades en el procesamiento del dolor a nivel periférico (mecanismos de sensibilización), en el sistema simpático, y en el sistema estrés-respuesta (eje hipotálamo-hipófisis-adrenal). El conocimiento de los mecanismos neurofisiológicos debe reducir el escepticismo y la creencia de que el SFM es un síndrome subjetivo.

Estudios en familiares apuntan a cierta predisposición genética del 28 % de hijos de mujeres diagnosticadas de SFM. Los factores ambientales explicarían otro 50 % del riesgo de desarrollo de SFM.

Los desencadenantes más frecuentes son aquellos que implican dolor agudo, ciertas infecciones (ej. virus Epstein-Barr, enfermedad de Lyme, fiebre Q, hepatitis víricas), traumatismos y estrés psicológico. Las adversidades infantiles se han asociado a dolor crónico generalizado en la edad adulta; el abuso sexual, físico o psicológico se ha relacionado con mayor frecuencia.

Los pacientes con SFM de larga evolución deben ser alentados a participar en programas de rehabilitación que pongan el foco en mejorar su función. El impacto de la clínica del SFM en la calidad de vida puede medirse con escalas como el FIQ/CIF; la puntuación obtenida permite clasificar a los pacientes según el grado de afectación en tres grupos: leve (≤39), moderada (>39 a ≤59) y grave (>59). Esta estratificación puede ser útil para aplicar medidas terapéuticas adaptadas a la situación funcional y optimizar los recursos.

Como la mayoría de procesos crónicos que requieren abordaje biopsicosocial, es importante desarrollar equipos de trabajo multidisciplinarios; el equipo debería incluir médicos con experiencia en educación sanitaria, fisioterapeutas y psicólogos expertos en terapia cognitivo-conductual, enfermeras y trabajadores sociales.

Las 3 terapias no farmacológicas más eficaces y que cuentan con evidencia consistente basada en revisiones sistemáticas de ensayos clínicos, son la educación, el ejercicio físico y la terapia cognitivo conductual.

Cuando se decide integrar fármacos al tratamiento, estos deben iniciarse a dosis bajas e ir reajustando la pauta posológica de forma gradual, evaluando periódicamente la eficacia, las interacciones entre medicamentos, y los efectos secundarios. Muchos efectos adversos farmacológicos pueden confundirse con síntomas del SFM: la fatiga puede ser agravada por benzodiacepinas o beta-bloqueantes; la depresión por los opioides; síntomas gastrointestinales pueden ser afectados por antiinflamatorios no esteroideos (AINE), opiáceos y antidepresivos, y los trastornos del sueño pueden empeorar por opiáceos y antidepresivos.

Referencias bibliográficas

  1. Talotta R, Bazzichi L, Di Franco M, et al. One year in review 2017: fibromyalgia. Clin Exp Rheumatol. 2017 May-Jun;35 Suppl 105(3):6-12.
  2. Theoharides TC, Tsilioni I, Arbetman L, et al. Fibromyalgia syndrome in need of effective treatments. J Pharmacol Exp Ther. 2015 Nov;355(2):255-63.
  3. Borchers AT, Gershwin ME. Fibromyalgia: A Critical and Comprehensive Review. Clin Rev Allergy Immunol. 2015 Oct;49(2):100-51.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here