Importancia de tratar los trastornos del sueño

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Estudios recientes muestran que la privación crónica de sueño puede incrementar el estrés oxidativo celular y favorecer la aparición de cáncer y de algunas enfermedades neurodegenerativas.

El sueño es una función compleja, generada por numerosas estructuras cerebrales y responsable de varias funciones fisiológicas (síntesis proteica, secreción hormonal, defensas inmunitarias, reparación del ácido desoxirribonucleico), psíquicas (estado de ánimo) y cognitivas (memoria, concentración).

A cada individuo le corresponde una duración, una calidad de sueño y una resistencia a la privación de sueño que le son propias, que son más o menos idénticas de una noche a otra y que se transmiten genéticamente. La somnolencia diurna excesiva (SDE) se caracteriza por una necesidad no deseada de dormir durante el día. El insomnio corresponde a una reducción del tiempo o de la calidad de sueño acompañada de síntomas físicos y psíquicos durante el día.

Una consulta sobre los trastornos del sueño puede parecer difícil si no está estructurada mediante un cuestionario dirigido y una agenda del sueño. Estos documentos fijan y organizan las ideas del paciente y orientan al médico, evitándole caer en ciertas trampas.

La somnolencia diurna excesiva se define como una necesidad no deseada de dormir durante el día. Esta somnolencia puede ser secundaria a una privación de sueño, a un sueño fragmentado, por lo tanto poco recuperador, o a una auténtica enfermedad del sueño. Las consecuencias de una SDE pueden ser catastróficas en el trabajo o al volante de un vehículo.

La privación crónica del sueño sin duda es la causa más frecuente de somnolencia diurna, pero el “síndrome de insuficiencia de sueño” sólo es el origen de alrededor del 6 % de las consultas por somnolencia, probablemente porque las personas con somnolencia son conscientes de que limitan voluntariamente su tiempo de sueño en provecho de actividades variadas.

La somnolencia es más marcada al final de la jornada, sobre todo si la situación es monótona y en especial al volante de un vehículo, lo que la hace muy peligrosa. El adormecimiento no es irresistible, pero resulta muy recuperador, sobre todo si es de larga duración. Los adolescentes, los ejecutivos jóvenes y los trabajadores por turnos son los más expuestos. La falta de sueño da lugar a síntomas cuya intensidad es proporcional a su propio grado de vulnerabilidad, en gran parte de origen genético. Son habituales la fatiga, la somnolencia, los trastornos del estado de ánimo, la disminución del rendimiento y la falta de coordinación. Pueden producirse cefalea, trastornos gastrointestinales, dolor muscular, aumento de la presión arterial, de la glucemia y del peso, mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, de episodios epilépticos y una reducción de las defensas inmunitarias.

El insomnio crónico afecta a alrededor del 8-10 % de la población. Es un síntoma identificado por lo siguiente: no poder conciliar el sueño, despertarse muy a menudo, tener un sueño demasiado corto o poco reparador, y, durante el día: fatiga, disminución de la atención, de la concentración, de la motivación y de la energía, mal funcionamiento social y profesional, síntomas físicos y preocupación referente al sueño. La SDE no es habitual. El insomnio, sobre todo con tiempo de sueño corto, favorece algunas enfermedades, en especial cardiovasculares, respiratorias, renales, reumatológicas y digestivas. Cuadriplica el riesgo de desarrollar una depresión y favorece la aparición de alcoholismo. La tasa de mortalidad estaría aumentada en las personas que declaran que duermen menos de 6-7 horas por noche.

El diagnóstico de insomnio es puramente clínico. El objetivo de la consulta es descartar una causa médica, psiquiátrica o medicamentosa, conocer su duración y los sucesos que lo han desencadenado y averiguar el tiempo medio de sueño por noche.

Referencias bibliográficas

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