Osteoartritis, alta incidencia y prevalencia

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Por el Dr. José Luis García Figueroa
Presidente del Colegio Mexicano de Reumatología.

La obesidad, edad del individuo, género, genética, nutrición, densidad ósea, traumas e infecciones son algunos factores de riesgo que favorecen el desarrollo de osteoartritis.

Existen clasificadas 227 enfermedades reumáticas que en general cursan con inflamación de articulaciones; sin embargo, las más comunes son la artritis reumatoide, la fiebre reumática, la artritis idiopática juvenil, el lupus eritematoso sistémico y la osteoartritis, que cuando destruye la articulación se denomina artrosis.

La osteoartritis (OA) es una enfermedad crónico degenerativa que ocasiona una destrucción gradual y progresiva del cartílago que recubre la superficie articular de rodillas, cadera, hombros, manos, tobillos y columna vertebral, ocasionando una disminución en la movilidad de la articulación, la cual se presenta después de los 40 años de edad.

Existen dos tipos de osteoartritis, la idiopática primaria, que constituye el mayor número de casos y se debe principalmente a la edad y, la secundaria que incluye traumas, anormalidades comunes congénitas, defectos metabólicos, infecciones y desórdenes que alteran la estructura normal y la función del cartílago.

La osteoartritis la padece al menos el 15 % de la población mundial mayor de 60 años de edad. Inclusive se ha determinado que dentro de las enfermedades reumáticas, la OA es 10 a 12 veces más frecuente que la artritis reumatoide.

Los principales factores de riesgo para desarrollarla son: en primer lugar, la obesidad; en segundo, la edad, y en tercero, el género, pero también se incluyen factores genéticos, la nutrición y la densidad ósea. También están relacionados aspectos mecánicos como lesiones, cirugías, debilidad muscular, entre otras.

La osteoartritis es más frecuente en mujeres que en hombres debido a causas hormonales, sobrepeso, embarazo, actividades cotidianas como barrer, lavar, trapear, lo cual facilita las lesiones en los dedos de las manos y otras articulaciones.

Aunque un paciente puede cursar asintomático, los principales signos son: dolor que aumenta con la actividad y mejora con el descanso; rigidez o entumecimiento de la articulación, “hinchazón”, “rechinido” al realizar un movimiento y limitación en el funcionamiento de la articulación.

La prevalencia en México es de 43 % en hombres y de 47 % en mujeres en personas mayores de 60 años; sin embargo, está comprobado que también se puede presentar en adultos jóvenes, especialmente si son atletas de alto rendimiento.

La osteoartritis afecta las articulaciones de carga que son básicamente el tobillo, la rodilla, la cadera, la columna lumbar y la columna cervical. Las alteraciones en el cartílago y huesos pueden llevar al deterioro de los ligamentos, tendones y la membrana sinovial (que cubre la articulación) acompañándose en ocasiones de inflamación, misma que suele ser leve en comparación con otras enfermedades reumáticas.

Se disminuye el espacio de las articulaciones, lo que ocasiona el roce de las superficies de los huesos y favorece la formación osteofitos en los bordes óseos que pueden detectarse a simple vista, por ejemplo, en los dedos.

Al agravarse la enfermedad, el aparato ligamentoso también sufre daños, presentándose sensaciones de falla articular o una verdadera e inequivocable inestabilidad.

Si bien la osteoartritis no cuenta con un tratamiento curativo, actualmente existen medicamentos que ayudan favorablemente a su control, sobre todo cuando se aplican antes de una etapa avanzada.

Adicionalmente, se debe mantener actividad física moderada y llevar una dieta saludable que contribuya a aminorar el impacto de la OA en la productividad del paciente. Es recomendable realizar ejercicio como nadar, caminar en agua o en superficies blandas, lo que ayudará a mantener un buen tono muscular.

El tratamiento medicamentoso habitual se realiza con analgesia oral con paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos (ANIE), con lo que se consigue un considerable control sintomático en muchos pacientes.

Asimismo se emplean los SYSADOA (Symptomatic Slow Action Drugs for Osteoarthritis), fármacos modificadores estructurales o condroprotectores que previenen la progresión del deterioro del cartílago. Los criterios para incluirlos en el tratamiento son: la historia natural de la enfermedad, las características clínicas y la correlación clínico-radiológica.

Entre los SYSADOA se encuentran el estracto de persea gratissima, el colágeno hidrolizado y la glucosamina, medicamentos que deben tomarse de manera prolongada y consistente para retrasar la progresión de la enfermedad.

Dentro de las guías de atención se encuentra también un reemplazo de cadera, codo, hombro, tobillo, articulaciones de los dedos y de rodilla. Por ejemplo, en el caso de la última, se recomienda cuando la muestra radiológica describe que no existe líquido sinovial, los huesos rozan debido al desgaste del cartílago y ocasionan dolor severo en la zona.

Los candidatos a este tipo de cirugía son aquellos que presentan mucho dolor, que radiográficamente tiene una gonartrosis grado III o IV, con impacto significativo en la ca-
lidad de vida, personas que han recibido tratamiento médico y son refractarios al mismo. La radiografía estándar, con proyección antero-posterior y lateral de la rodilla sintomática es suficiente para diagnosticar la gonartrosis.

La artroplastia de rodilla, por ejemplo, puede aliviar significativamente el dolor y mejorar la función, aunque el resultado de la cirugía no siempre es satisfactoria.

Si otros tratamientos, como la fisioterapia analgésica o ejercicio no ayudaron, una cirugía de reemplazo de cadera puede ser una opción para aquellos pacientes que han sufrido un desgaste por el uso prolongado e indiscriminado de algunos medicamentos que contienen corticoesteroides que ocasionan que el hueso se necrose.

Los profesionales de la salud deben evaluar el tratamiento del paciente de manera individual, su calidad de vida y sus actividades tanto laborales como de recreación, asimismo deben realizar evaluaciones periódicas, formular un plan de manejo de su tratamiento, regular sus actividades, el ejercicio y la disminución del peso corporal.

Referencias bibliográficas

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