Supervivientes de quemaduras graves: aspectos psicológicos

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Por el Dr. Enrique Chávez-León
Coordinador de Posgrado y Educación Continua

de la Facultad de Psicología de la Universidad Anáhuac.
Coordinador de Secciones Académicas de la APAL (2018- 2020).

Una de las consecuencias psicológicas más graves del paciente con quemaduras graves es el trastorno de estrés postraumático. Sus síntomas consisten en re-experimentar de manera constante el evento, evitar las situaciones que facilitan su recuerdo, sentir ansiedad, mostrar irritabilidad y tener explosiones emocionales. Las manifestaciones que aparecen duran-te el primer mes tras el incendio, explosión o accidente vehicular, reciben el nombre de trastorno de estrés agudo; su frecuencia varía del 2 al 26 %. Si las manifestaciones persisten más allá de treinta días, debe establecerse el diagnóstico de trastorno de estrés postraumático; su frecuencia a los tres o cuatro meses es del 8 al 33 % y de 15 a 35 % al año y dos años, respectivamente (Giammoni-Pastor, et al, 2016).

Factores predictores. Los factores que predicen la aparición del trastorno de estrés postraumático en esta población clínica son: sufrir las quemaduras en un accidente vehicular, la exclusión social, dificultades para adaptarse a la alteración en la imagen corporal, localización de la quemadura en la parte anterior del tronco y riesgo de muerte durante el accidente (Fidel-Kinori, et al, 2016).

Fisiopatología. La carga alostática, esto es, la sobrecarga de los sistemas orgánicos debido a las quemaduras, es la responsable de la aparición, primero del trastorno de estrés agudo y posteriormente del trastorno de estrés postraumático.

Alostasis es la adaptación que el cuerpo busca lograr al enfrentar eventos estresantes a través de la activación de los sistemas fisiológicos; cuando los sistemas se sobrecargan, la capacidad adaptativa del organismo es rebasada y aparece la patología.

Alteraciones neuroendócrinas. En el trastorno de estrés postraumático existen anomalías en la actividad del eje hipotalámico-hipófisis-suprarrenal (HPA), debidas a un feedback negativo excesivo y niveles menores del cortisol al amanecer. Esta inhibición excesiva impide la función fisiológica del cortisol: normalizar el funcionamiento adrenérgico en las situaciones de estrés.

Alteraciones cerebrales. Por otro lado, el cerebro de los pacientes sufre cambios estructurales consistentes en disminución del volumen de los hipocampos y de la corteza del cíngulo anterior.

Los síntomas del trastorno de estrés postraumático se deben a la hiperactividad de las amígdalas y de la corteza del cíngulo anterior dorsal, así como a la falta de activación de la corteza prefrontal ventromedial (Pitman, et al, 2012).

Tratamiento. El abordaje terapéutico apropiado para los pacientes con trastorno de estrés postraumático consiste en someterlos a terapia cognitivo conductual o a desensibilización ocular y reprocesamiento, y administrarles paroxetina o sertralina a dosis terapéuticas; sin embargo, vale la pena describir que la administración de cortisol en el período agudo después del trauma disminuye la frecuencia del estrés postraumático. El tratamiento preventivo que cuenta con evidencia preliminar para el trastorno de estrés postraumático incluye a la terapia cognitivo conductual y a la hidrocortisona. Aunque se han probado propranolol, escitalopram, fluoxetina, imipramina, gabapentina, clonazepam, alprazolam y el temazepam para evitar la aparición del trastorno de estrés postraumático o reducir la severidad de sus síntomas, el único medicamento que ha resultado útil es la hidrocortisona.

La hidrocortisona administrada en el período inmediato posterior al trauma disminuye de manera importante el riesgo, y en caso de que se presente, también tiene un efecto benéfico en la intensidad de la sintomatología. Los niveles altos de glucocorticoides aumentan la consolidación del evento traumático, pero disminuyen el recuerdo subsecuente, ya que modulan la liberación de norepinefrina, especialmente en la parte basolateral de la amígdala.

No deben administrarse benzodiacepinas después del evento traumático pues aumentan hasta tres veces el riesgo de sufrir el trastorno de estrés postraumático (Amos, et al, 2014; Shalev, et al, 2018).

En los supervivientes a quemaduras graves es positivo el uso de hidrocortisona como medida preventiva y de sertralina o paroxetina como terapéutica combinadas con una intervención psicoterapéutica cognitivo conductual.

Referencias bibliográficas

  1. Amos T, Stein DJ, Ipser JC. Pharmacological interventions for preventing post- traumatic stress disorder (PTSD). Cochrane Database Syst Rev. 2014; (7):CD006239.
  2. Fidel-Kinori SG, Eiroa-Orosa FJ, Giannoni-Pastor A, et al. The Fenix II study: A longitudinal study of psychopathology among burn patients. Burns. 2016;42(6):1201–1211.
  3. Giammoni- Pastor A, Eiroa- Orosa FJ, Kinori F, et al. Prevalence and predictors of postraumatic stress symptomatology among burn survivors: a systematic review and meta- análisis. J Burn Care Res. 2016;37:e79- e89.
  4. Pitman RK, Rasmusson AM, Koenen KC, et al. Biological studies of post-traumatic stress disorder. Nature Rev Neurosci. 2012;13:769–787.
  5. Shalev AY, Barbano AC, Qi W, Marmar CR. Prevention of Post-Traumatic Stress Disorder. En Nemeroff CB, Marmar CR. Post- Traumatic Stress Disorder. United States of America: Oxford University Press; 2018, pp. 669- 703.

 

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