Trastornos físicos funcionales

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Por el Dr. Enrique Chávez-León
Coordinador de Posgrado de la Facultad de Psicología
Universidad Anáhuac México. Secretario de la Región México,
Centroamérica y el Caribe de la Asociación Psiquiátrica
de América Latina (2016- 2018).

Los trastornos físicos funcionales o síndromes somáticos funcionales son condiciones cuyos síntomas no pueden ser explicados desde el punto de vista médico. Estos trastornos son: síndrome de colon o de intestino irritable, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y síndromes dolorosos (como la cefalea tensional, el dolor facial atípico y el pélvico crónico); pueden incluirse otros, como el síndrome de cistitis intersticial/vejiga dolorosa.

Estos trastornos comparten múltiples características, por ejemplo, son más frecuentes en las mujeres con historia de eventos de la vida estresantes o de eventos traumáticos; con frecuencia en sus manifestaciones se encuentran la fatiga, el dolor difuso y el malestar general, así como la ansiedad; los síntomas se exacerban con el estrés y durante la menstruación, y los estudios realizados arrojan resultados negativos; tienen dos características más: son crónicos y su causa es desconocida.

Los factores involucrados en su génesis incluyen aspectos psicológicos, fisiopatológicos y sociales. Los estudios con imágenes demuestran que existen alteraciones en áreas cerebrales relacionadas con la regulación cognitiva y emocional de la percepción de los síntomas. Las pacientes están hipervigilantes de sus síntomas físicos y buscan con mucha facilidad al médico.

El manejo casi siempre conlleva procedimientos diagnósticos repetidos y tratamientos dirigidos al órgano de donde proceden los síntomas, sin mucho beneficio.

El síndrome de intestino irritable es producto de la interacción entre factores orgánicos (aumento de la permeabilidad del intestino), psicológicos (ansiedad o depresión) y sociales (abuso sexual o maltrato físico en la infancia o la niñez y poco apoyo social), y se caracteriza por dolor abdominal recurrente y alteraciones en el hábito intestinal. Su prevalencia en la población general es de aproximadamente 10 % y hasta la tercera parte tiene además fibromialgia.

La fibromialgia es un trastorno crónico (más frecuente en mujeres adultas) caracterizado por dolor e hipersensibilidad en ambos lados del cuerpo y sobre todo los músculos para espinosos, escapulares y trapecios, rigidez, fatiga y sueño no reparador, así como ansiedad y depresión. Se considera un trastorno neurosensorial debido a alteraciones en el procesamiento del dolor por el SNC. Las mujeres suelen ser perfeccionistas con poca expresión de sentimientos y emociones, o bien muy sacrificadas anteponiendo las necesidades de los demás por encima de las propias y en ocasiones puede tratarse de personas con eventos vitales adversos importantes y trastornos mentales. De ahí que en un estudio de seguimiento por 16 años se observó una frecuencia de comportamientos suicidas alto. En la fibromialgia no se van a encontrar anormalidades en los exámenes de laboratorio ni en los estudios radiológicos.

El tratamiento consiste en una combinación de psicoterapia (terapia cognitivo conductual), dieta, ejercicio aeróbico y técnicas de relajación y medidas de higiene del sueño, así como antidepresivos, ansiolíticos e hipnóticos, analgésicos, relajantes musculares y anticonvulsivantes.

El síndrome de fatiga crónica también afecta más a las mujeres, se caracteriza por un estado de fatiga de 6 o más meses de duración y está probablemente asociado a procesos infecciosos diversos y manifestaciones inmunológicas (problemas de memoria a corto plazo, inflamación faríngea, adenopatías, dolores musculares, articulares y de cabeza, sueño no reparador y malestar corporal persistente después de hacer ejercicio ligero). A diferencia de lo que ocurre en los otros trastornos físicos funcionales en los pacientes con síndrome de fatiga crónica se observan niveles elevados de IgG y anticuerpos contra virus coxsackie B, herpes, C. pneumoniae y disminución en las células NK.

El tratamiento consiste en intervenciones psicológicas (terapia cognitivo conductual) y la introducción de ejercicio con aumento gradual. El abordaje antibiótico sólo se recomiendan en el caso de infecciones por C. pneumoniae (nivel de IgM alto). Usar antidepresivos sólo está indicado si coexiste algún trastorno de ansiedad o depresión.

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